La venganza de la Realeza: cuentos de príncipes

 

LA VENGANZA DE LA REALEZA

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Estudio de la Libertad y Héroes de las Naciones,

para volver a creer en los cuentos de príncipes y princesas.

Tiempo estimado de lectura: 5’12’’

In memoriam – Ronald H. Coase (29 de diciembre de 1910 – 2 de septiembre 2013), un señor inglés, economista, premio Nobel de economía, profesor ilustradísimo, siempre orientó su norte hacia el bienestar humano.

“Un Ensayo para volver a las viejas costumbres. La realeza. Ser nobles. Revivir el reinado de Victoria. Y creer en cuentos de príncipes azules. No aceptemos lo mundano.

“Aspiremos a valores superiores, donde el príncipe es noble y la princesa divina. Esa es mi tesitura. Seamos rectos; inmutables; correctos; dignos de nuestro nombre.

§ I. Primero:  ¿Por qué la libertad nos ha conducido a resultados de bienestar?

Siempre nos ha parecido que está bien ser libres.  La libertad es genial.  Quién preferiría no ser libre —al ser preguntado por ello.

Pero abordar un tópico tan general como la libertad, sería absurdo en un ensayo de cuatro carillas.  El debate no es en torno de la libertad como categoría, especialidad de mi gran amigo Pablo Balán.  Me referiré —por lo tanto— a la libertad aplicada al desarrollo y riqueza de las naciones.  Se trata de una cuestión en torno del diseño institucional y económico de una nación.

Sucede que restringir las libertades, limita el campo de elección de los individuos: Respecto de bienes que están en el mercado —como un Mercedes Benz por sobre un Fiat—, y respecto de aquellos que no —como el amor, ¡Oh, querida lectora!

§ I. a.)  Las preferencias de todos… y todas

Los hombres —y también las mujeres— somos maximizadores racionales de nuestras preferencias en temas que estén fuera del mercado como también dentro de éste.  Esa es la primera premisa de la Escuela de Chicago.

Aquellas preferencias dependen de la libertad.  Cuando un Estado restringe el grado de libertades, las preferencias de los individuos no pueden ser expresadas libremente.  Las restricciones a dichas libertades pueden incluir desde la censura a la libertad de culto, orientación sexual, la disposición de la propiedad privada, la libertad de expresión, etc.

Ello ha hecho que las naciones más civilizadas se dediquen a fomentar libertades.  Desde el año 1789 hasta el presente se ha visto múltiples declaraciones de derechos y ensayos constitucionales que han receptado a la libertad como un pilar fundamental para el progreso de la nación.  Sería faraónico dedicarse a trazar un cuadro comparativo entre las naciones que fomentan las libertades y las que han alcanzado un grado de desarrollo más elevado.

Merced a la libertad —enseña Juan Vicente Sola— los individuos podrán establecer el orden de sus preferencias personales del modo deseado, y finalmente, elegirán el conjunto de bienes y actividades que les proporcionen mayor utilidad —¡y felicidad!  He ahí el secreto del desarrollo.

§ I. b.) Ordenar preferencias sale caro

Preferimos un traje azul a uno negro.  Preferimos un earl grey tea a un dulce de leche latte. Preferimos a Adolfo Bioy Casares sobre Gabriel García Márquez.  Preferimos jugar al golf que al truco.

Todas ellas son preferencias.  Como he expuesto más arriba, existe libertad —asegurada por textos constitucionales—  para que cada individuo pueda determinar cuáles son sus preferencias:  es decir, qué le da más satisfacción.

Pero sucede también —otro supuesto de la economía— que la información es un bien escaso y sumamente valioso.  Esa información acerca de qué preferimos sale cara.  Ordenar preferencias es costoso y requiere tiempo.

La pregunta, entonces, es cómo optimizar el empleo de la información.  Cómo transmitir un pack de preferencias.  Por qué la estilográfica Montblanc hace maridaje con los palos de golf.  Por qué las zapatillas Vans hacen maridaje con los skates.

Existe claramente un mensaje publicitario que ordena las preferencias.  De esta forma, los individuos emplean menor cantidad de tiempo —otro bien escaso— en organizar sus preferencias.

Entonces, si un individuo prefiere A seguramente —según este orden de preferencias que he ejemplificado— también preferirá B y C.  Pero no X, Y, ni Z —que estarán más lejos en su escala de preferencias.

§ II. Segunda cuestión:  ¿Por qué necesitamos príncipes y princesas?

En el punto anterior queda aclarado que la libertad, como la postula la Escuela de Chicago, es un elemento fundamental para arribar a resultados más eficientes, para ser más felices. Es que cada individuo sabe mejor qué prefiere.  De este modo, la interferencia de un Estado paternalista genera una distorsión en esas preferencias y limita el grado de bienestar de los hombres.

Ahora resta aclarar por qué necesitamos héroes, príncipes y princesas.

La chimenea estaba calentando la suela de mis zapatos color marrón oscuro, cuando leí las siguientes líneas:

“—El príncipe de Gales gasta muchísimo, como sabes, y casi todo es prestado.  Debe dinero en todas partes y a toda clase de gente (…) Hay ciertas personas que creen que cuando muera la anciana reina será el fin de la monarquía—. (…) Era un pensamiento sorprendentemente desagradable.  No estaba muy segura de por qué le importaba tanto.  Quitaría color a la vida, parte de su glamour.  Aunque uno nunca veía a las condesas y a las duquesas, si dejaran de existir y en el mundo no hubiera otro modo de ser algún día dama, y mucho menos una princesa, las cosas parecerían un poco más grises.  La gente siempre tendría héroes, verdaderos o falsos.  En la aristocracia no había nada intrínsecamente noble, pero los héroes que la reemplazarían, no serían escogidos forzosamente por su virtud o sus logros; podría ser su riqueza o belleza.  Entonces la magia desaparecería sin ningún motivo y sin beneficio alguno”.

[p.136, y me reservo la cita de la obra y su autoría].

Los héroes aportan un cúmulo de preferencias. Los hay de todos tipos. Pero en la faz que aquí interesa —la Escuela de Chicago— los héroes, van a aportar incentivos, para hacer o dejar de hacer determinadas actividades; comprar o dejar de comprar determinados productos.

Así, ‘es de bien—excelente página, la recomiendo— andar a caballo, jugar al golf, conducir un deportivo alemán, vestir príncipe de Gales un sábado por la tarde, emplear colonia francesa, leer junto a una chimenea en invierno, y dejar notas a la mujer amada con una estilográfica Montblanc, etc.

Los héroes recopilan preferencias; esta recopilación de preferencias es sustancialmente distinta de la imposición de preferencias (típica de Estados fascistas y paternalistas).

Y el ejemplo que cito en las líneas transcriptas, nos habla de la realeza.  La realeza, pese a no ser vista por las calles de nuestro barrio, nos impregna con su cúmulo de preferencias e incentivos.  Evita el dispendio de tiempo en elecciones.  Así, la elección que debe hacer un individuo deja de ser “qué cosas prefiero”, para pasar a ser “las preferencias de quién prefiero”. Y ese es el trabajo de los héroes; y qué conjunto de héroes han sobrevivido más siglos que la realeza. Para todo lo demás existe MasterCard, María Teresa y Enrique…

§ III. Tercera cuestión:  ¿Realeza y Libertad son excluyentes?

La adopción de sistemas constitucionales en los que se reconocen monarquías resolvió la incógnita planteada. En la actualidad, los textos constitucionales que receptan figuras monárquicas aseguran —al mismo tiempo— valores republicanos, la libertad individual; y la realeza pasa a ser verdaderamente un sintetizador de preferencias sociales: el deber ser.

Se trata de una forma novedosa y sorprendente que da una vuelta de rosca más a los medios empleados por Estados totalitarios, que imponían preferencias.

La realeza, pues, genera e insinúa incentivos entre los súbditos.  Sus vestidos.  Sus amores.  Sus hogares.  Sus deportes.  Sus negocios. Sus vacaciones. Sus nombres de pila. Se trata de un diseño constitucional que recepta la libertad junto a la monarquía, y que emplea a ésta como un generador de incentivos sociales.

Elegir, nunca antes había sido tan sencillo.

§ IV.  No se deje engañar.  Necesitamos cuentos de príncipes y princesas.

La conclusión es que, en estos tiempos en que tanto se ha criticado a los príncipes y princesas —véase el caso de la Casa Real de España—, no debe perderse de vista el aporte simbólico de la realeza.

Pero aún más valioso, no se trata de un mero aporte simbólico, sino de un auténtico compendio de preferencias sociales, que son insinuadas, y no impuestas, como antaño.  Las elecciones y orden de preferencias son más sencillas.  Los héroes sintetizan preferencias, de modo tal, que no desperdiciamos tiempo eligiendo cada bien por separado: Sabemos qué preferencias tiene cada héroe.

No escapa a mi conocimiento que más de un lector podrá creer a las historias de príncipes y princesas algo trilladas, pero ciertamente, son el producto de condensar y transmitir preferencias Reales a los súbditos.

Y no quisiera terminar el presente ensayo sin una incontestable comprobación empírica —tan poco frecuente en algunos escritos de opinión— como la siguiente noticia, que confirma lo afirmado en este trabajo: [http://www.abc.es/estilo-gente/20130822/rc-vestido-kate-middleton-agotado-201308221656.html]

Por eso, Dieu et mon Droit; seamos felices; degustemos un English Breakfast Tea junto a nuestra chimenea, escuchemos The Kinks; celebremos la moral Victoriana,  y comamos perdices para siempre…

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2 comentarios

  1. […] La venganza de la realeza: cuentos de príncipes se sostuvo una serie de afirmaciones que concluyen por exaltar el valor de la realeza como […]

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  2. L'homme sans nom · ·

    Estimado, salve:
    Es de mi interés comentar ciertas cuestiones: ¿acaso no es una obviedad, un concepto facilmente asible e intuible, incluso cognoscible, que realmente monarquía y libertad son compatibles?¿tanto impacto ha tenido la “masificación de los valores democráticos”?¿es tan distinto en un “sistema democrático representativo”?¿pasa la cuestión, acaso, por la “historia” de los países analizados?¿es menester siquiera un melindroso análisis de una cuestión tan simple como la mencionada?¿no es acaso obvio, no se da por sentado que la existencia de estamentos sociales es algo inherente a la humanidad en sí? Desde hace un tiempo me resulta inconcebible que se pongan siquiera en discusión temas como estos, como los de éste artículo. Quizá sea una cuestión de estados con organización política republicana, como intuí “en voz alta” previamente.
    Sostendré ahora y siempre que Churchill se equivoca, la democracia no es el “menos peor” de los sistemas, pero este ámbito se ve sobrepasado vastamente por dicho asunto.
    Otro tema que me llama poderosamente la atención es la particular mirada del plebeyo para con respecto a la “nobleza” (término que desde hace tres o cuatro siglos conlleva una negatividad inherente, un “tufillo” en ciertos círculos, paradigmas, y realidades), máxime si el plebeyo en cuestión cuyo interés recae en el tema susodicho proviene de, y se ha formado y educado en un estado con un “gobierno republicano y democrático”. Pareciera irónico que aquél “sin título, tierras, ni honor” defienda a las “personas de calidad”; mas es solamente justo.
    Gran nota estimado, (cuasi)merecedora de una orden de caballería o mérito menor. Continúe así. Salutaciones.

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