¿Una nueva forma de hacer negocios?

Hace ya un tiempo asistí al XII Congreso Argentino de Derecho Societario, VIII Congreso Iberoamericano de Derecho Societario y de la Empresa realizado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

Luego de analizar los temas tratados en las diversas comisiones, noté que se iban a exponer dos ponencias acerca de las Empresas B. Mi primera reacción fue: esto es algo nuevo. Tras investigar me di cuenta que no es tan nuevo como yo pensaba…

De hecho hay más de 760 empresas B certificadas. Éstas se encuentran distribuidas en aproximadamente 27 países y abarcan alrededor de 60 industrias diferentes [1]. Aún más, para mi sorpresa, en nuestro país ya contamos con 16 de ellas.

Ahora bien, ¿cuáles son sus objetivos? A grandes rasgos una empresa B tiene dos objetivos primordiales. Por un lado, como toda empresa, tiene un fin de lucro, es decir que busca un rédito económico para sus socios. Por otro lado, ostenta otro objetivo, que no es nada más ni nada menos que un fin social: la empresa B busca dar soluciones a problemas sociales y medioambientales a través de diversos mecanismos de mercado, además de intentar mejorar el ámbito laboral para sus empelados. La empresa B aspira redefinir el concepto de éxito en el ámbito de los negocios.

¿Cómo hago para tener una empresa B? Toda empresa que quiera ser catalogada como Empresa B  debe pasar por un sistema de evaluación denominado “Impacto B”.

El proceso evaluatorio comienza on-line, debiendo obtener un total de 80 puntos sobre 200 especificados. Estos puntos tienen como objetivo acreditar que la empresa cumple con determinados estándares mínimos, por ejemplo aquellos relacionados con aspectos sociales y medioambientales.

Luego de la evaluación on-line, será el momento de las entrevistas para corroborar y verificar la información brindada. Finalmente y sin perjuicio de las modificaciones estatutarias pertinentes en cada sociedad [2], se firmará un acta de compromiso.

Una vez obtenidas las calificaciones requeridas, la empresa resultará certificada. Cabe aclarar que la certificación tiene una vigencia bianual que podrá ser renovada. Sin perjuicio de que las renovaciones exijan paulatinamente nuevos y más altos estándares en la evaluación de impacto B a los efectos de logar un mayor impacto positivo en el mundo.

Como consecuencia de la certificación, la empresa debe pagar una tasa anual que es calculada de acuerdo a su facturación anual.  Sin embargo, la certificación de empresa B importa innumerables beneficios, tales como: la asesoría legal gratuita, licencias gratuitas de software, descuentos en otras empresas certificadas, posibilidad de crear asociaciones comerciales, entre otros [3].

El éxito de una empresa B no sólo se mide -como suele suceder- mediante los estados contables y satisfacer los intereses de sus socios/accionistas, sino también en su impacto positivo en el medio ambiente y en la sociedad en su conjunto, en la defensa de los intereses públicos, los de sus empleados, los de la comunidad en la que actúa y los de sus proveedores.

Una Empresa B se caracteriza por la constante búsqueda de soluciones a los problemas sociales, prácticas laborales y asuntos medioambientales desde la comercialización de los servicios. Busca convertirse no en la mejor de mundo, sino que pretende ser la mejor para el mundo [4].


[2] Se deja constancia que en presente artículo no será tratado el tema acerca de la necesidad de reformar el objeto social o crear en nuestra legislación un nuevo tipo societario.

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