Cátedras Robo: ¿Conspiración encubierta?

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Arte por Ricky Crespo, “Campbells´s“.

Mock GaleríaSuipacha  1217, Buenos Aires.

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Los precios nos hacen elegir o dejar de elegir productos.  Las calificaciones hacen elegir o dejar de elegir cátedras.  En ambos casos, hay un mercado en funcionamiento, y actores intentando ser competitivos…

 

§I.               Los precios en el mercado.

En artículos anteriores, me he centrado en cuestiones vinculadas al derecho y la economía.  En “Control de Precios: inconstitucional, estúpido”, sostuve que los controles de precios son inconstitucionales, porque generan distorsiones que afectan a los productores y consumidores.  Este artículo sigue aquél rumbo.

Un rápido ejemplo: si la resolución imaginaria 1759/14 de la Secretaría de Comercio, dispusiese que el precio máximo para la venta del Iphone 5S en la Argentina será de USD 10 (cuando su precio en el mercado local ronda los USD 1000), puede anticiparse que una enorme cantidad de consumidores demandarían ese bien, el cual se tornaría absolutamente escaso y no se podrían satisfacer las necesidades de los consumidores.

§II.             Las Cátedras Robo, otro mercado.

Pero lo mismo (o algo tal vez peor), ocurre con las ‘Cátedras Robo’, el objeto de este trabajo.

¿Qué son las Cátedras Robo? Puede decirse que toda cátedra o comisión en un establecimiento educativo en la cual el nivel de exigencia resulte por debajo de la media y las notas otorgadas a los alumnos sean superiores a la media, puede calificarse como Cátedra Robo.  Una cátedra donde todas y cada una de las notas otorgadas a los alumnos no disminuye de 8 sobre un máximo de 10 podría ser considerada como una Cátedra Robo.

§III.          Oferta y demanda: de buenas calificaciones, y de alumnos.

¿Dónde está la relación con la economía?  Bien.  Existe un mercado en el que los estudiantes representan (en muchos casos) la demanda de Cátedras Robo; y donde los docentes (en ciertos casos) satisfacen esa demanda.

Al mismo tiempo, los docentes demandan alumnos. Eso es así, dada la existencia de normas administrativas internas de ciertos establecimientos educativos, según las cuales si la comisión a su cargo no es elegida por al menos 10 alumnos, el curso “se cierra” y desaparece de la oferta.  Esto último hace que algunos profesores deban literalmente “ser competitivos” en las notas que otorgan a sus alumnos.  Así, se aseguran mantener su posición en “el mercado” y no ser desplazados por otros profesores.

El lector seguramente permanecerá incrédulo de la existencia de este “mercado”.  Pero en las universidades norteamericanas, este “mercado” de Cátedras Robo ya ha sido estudiado:

A veces, los profesores poco populares, tratan de aumentar el número de sus alumnos elevando la calificación media de los estudiantes que se inscriben en sus cursos; esto porque, en igualdad de las demás circunstancias, los profesores rigurosos tienen menos estudiantes que los profesores flexibles.

Posner, Richard A., “El análisis económico del derecho”. Fondo de Cultura Económica. México, 1998. p. 13.

Así concebido, no existe duda respecto de la existencia de un mercado. Una mano invisible, implacable, que está en todos lados, incluso en la elección de las cátedras que los alumnos tienen a su disposición.

§IV.          Necesidad de controles.

Quienes postulamos la existencia de un mercado que asegure libertades a los que participan en aquél, no necesariamente descreemos de la necesidad de controles.  Precisamente, en “Pollitos en fuga y el Teorema de Coase”, sostuve que resulta imprescindible regular y establecer determinados derechos, para que un mercado pueda funcionar.

No toda regulación es mala; sino que ésta es necesaria.  Un ejemplo cotidiano, como el sentido de circulación de las calles, los semáforos, las sendas peatonales, velocidades máximas y mínimas, etc., nos ayudan a entender que una regulación adecuada permite que el tráfico fluya de un modo más eficiente y beneficioso para todos.

§V.             Perversión y conspiración en el sistema.

Pero, ya para concluir, ¿qué resultados trae aparejada esta competencia por alumnos para evitar el cierre de cursos y asegurar popularidad de los docentes?

Existen a priori dos consecuencias principales.

La primera, resulta que los alumnos requieren de menor esfuerzo para acceder a altas calificaciones, lo cual facilita su inscripción en otras materias, dado que los alumnos con promedio de notas más elevado tienen prioridad en las asignaciones de cursos, en muchos casos.

La segunda, resulta que los profesores, en muchas disciplinas, son o empleadores o competidores de sus —ahora— alumnos. Un excedente de recién graduados representa un menor costo laboral a futuro (habrá más recién graduados dispuestos a trabajar, y en consecuencia, estarán dispuestos a aceptar salarios más competitivos —bajos—); y, por otro lado, los recién graduados, con menos esfuerzo y —en muchos casos— con pobres conocimientos, representarán menor competencia para los profesionales ya graduados (en muchos casos, los profesores).

Así visto, se sospecharía la existencia de una gran conspiración.  ¿Será real?

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Un comentario

  1. Antonella · ·

    Siempre lo pense

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