¿Individualismo o colaboración? La decisión de las economías del siglo XXI

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Paradójicamente para solucionar los problemas del mundo es necesario hacer menos, no más.

Punto de partida.

Durante muchos años las economías han medido el crecimiento y, en consecuencia, el bienestar material de una sociedad a través del Producto Bruto Interno.  Según esta perspectiva cuanto mayor fuera el valor monetario de la producción de bienes y servicios de un país, mejor se encontraría ese país. Sin embargo, esta medida de bienestar no tiene en cuenta tanto el costo ambiental del incremento de la producción ni tampoco si ese crecimiento es consecuencia (o no) de una política desmedida de endeudamiento. Este último caso, junto con otra serie de políticas, es lo que a muchas economías -sobre todo aquellas llamadas “economías emergentes”- las llevó a caer en crisis financieras donde, sin duda, el bienestar social no estaba en el centro de la escena.

Entonces nos preguntamos, ¿es el aumento de la masa productiva de una economía el mejor indicador para medir el bienestar y la calidad de vida de los individuos?

Es momento de hacer un cambio…

Frente a este cuestionamiento, surge la necesidad de conceptualizar una nueva economía que ponga foco en dos pilares: (a) la redistribución de los recursos, y (b) la colaboración como medio para lograr el bienestar social. El autor estadounidense Jeremy Rifkin la denominó “Tercera Revolución Industrial”,  quizás porque realmente estamos frente a una disrupción del modelo económico tal como lo conocemos hoy.

La economía colaborativa es la que permite al ciudadano-consumidor relacionarse con el ciudadano-productor, estableciendo una relación de confianza entre ambos. Gracias a las herramientas digitales esta relación se hace más próxima, de manera tal que sería innecesaria la presencia de un intermediario que fije precios y haga más costoso el proceso de intercambio.

Esta nueva economía ya está en marcha y los cambios más visibles se están dando, especialmente en las industrias del turismo y el transporte, donde plataformas como Airbnb revolucionan la industria del hospedaje. Para entender el alcance, Airbnb generó durante 2013 mayores reservas que la cadena hotelera Hilton. Esto ha hecho que hoteleros y fabricantes consideren a este nuevo modelo una gran amenaza y comiencen a  buscar respaldo legal con argumentos como la competencia desleal y falta de filtros de calidad. Es una realidad que el mercado colaborativo digital aún no está regulado (por ejemplo, en su faz impositiva). Sin embargo, lo que estas compañías no comprenden es que por el momento lo que deben ajustar es la oferta – y no la demanda a través de prohibiciones.

Por su parte, los bancos también se ven alcanzados por este popular modelo; pero, en contextos de incertidumbre el costo del crédito aumenta, por lo que PyMes y emprendedores buscan nuevas vías de financiación a través de las populares plataformas de crowdfunding KickStarter, Indiegogo o la argentina Idea.me.

Ante estos hechos, surge la pregunta: ¿podrán las compañías adaptarse a este nuevo modelo de negocios, donde quien antes era un potencial cliente hoy es un potencial competidor? Aún no los sabemos, pero es importante que las compañías comprendan es que estamos frente a un fuerte cambio en la forma de consumir. Este fenómeno permite pasar de una economía de propiedad a una economía de acceso. Ésta última promete mayor eficiencia y menores costos, por lo que en un contexto de crisis este modelo puede volverse aún más atractivo.

Son los contextos económicos los que propician nuevos emprendimientos, entonces nos preguntamos ¿Es este modelo viable en las economías de América Latina?

Zoom: La colaboración en América Latina.

El principal pilar sobre el cual se construyen los modelos de colaboración es la confianza. Muchas veces, si las partes no confían, sus decisiones individuales no necesariamente conducen al bienestar mutuo. John Nash en su “Teoría de los Juegos” demuestra que si cada individuo pudiera confiar en el otro, ambos podrían mejorar su bienestar.

Sin embargo, es muy probable que uno de los obstáculos más importantes para el desarrollo del modelo en América Latina (región que sufre más del 30% de los homicidios mundiales y donde los robos y hurtos son moneda corriente del día a día) sea la falta de confianza. Entonces, ¿es posible una economía colaborativa en una sociedad sin confianza?

Lo primero que debemos entender es que las sociedades de América Latina son muy distintas a las del primer mundo. En Europa los criterios que han permitido adoptar estas nuevas formas de consumo se basan en motivaciones económicas, medioambientales y sociales, mientras que su éxito se adjudica fundamentalmente al alto nivel de confianza social. Por el contrario, en Argentina y otros países sudamericanos aún están instauradas las tendencias del hiper-consumo como consecuencia de sostenidas políticas de endeudamiento.  Frente a este obstáculo, empresarios han podido desarrollar modelos de colaboración que se adaptan a este contexto, ajustando modelos P2P a  modelos B2B. En lugar de tratar con particulares e intentar construir una comunidad entre desconocidos, entre quienes hay un alto nivel de desconfianza, estas empresas ofrecen servicios a otras empresas. Viapool, por ejemplo, es una firma Argentina que ofrece el armado y la administración de plataformas para optimizar los traslados dentro de las compañías a través del carpooling como consecuencia de la necesidad de traslado de los empleados a plantas alejadas del centro de la ciudad.

Sin embargo, existen incipientes emprendedores que apuestan al modelo Peer to Peer como vayamosjuntos.com.ar, una plataforma Argentina de car sharing, o Zukbox.com que ofrece una alternativa de alojamiento colaborativo en Latinoamérica. Una de las últimas plataformas lanzada al mercado es Zavannah, que consiste en un mercado de microtareas al estilo Taskrabbit.com.

Por su parte, algunas empresas, parecen estar entendiendo hacia donde se mueve el mercado. Por ejemplo, Volkswagen a través de su departamento de RSE, está encontrando una oportunidad a través del sponsoreo de las compañías de carpooling. Por su parte, Chevrolet a través de su campaña “Comparte tu Chevrolet” desarrolló una plataforma para fomentar el carsharing como una alternativa para llegar al trabajo.

carpooling

Es evidente que América Latina aún tiene mucho por hacer pero también está claro que tiene mucho potencial por explotar. ¿Es posible pensar en una nueva economía también en los países Sudamericanos? Quizás aquellos países con economías abiertas, como Chile que ha elegido el camino de convertirse en el Silicon Valley de América Latina, puedan aprovechar la ola de la colaboración y atraer inversores para el crecimiento de sus economías mientras que aquellos con economías cerradas deban trabajar en su propio modelo para poder poner en marcha el motor de la colaboración.

Conclusión.

Para que el bienestar se transforme en realidad, se necesita que el capital deje de ser considerado como propiedad privada del acaparador. El instrumento de producción debe ser la propiedad común para que el espíritu colectivo saque los máximos beneficios para todos.

Piotr Kropotkin, Teoría del Apoyo Mutuo.

El mundo necesita de una nueva economía. Es inminente que una economía basada en la producción desmedida de bienes y servicios ya no cumple con los objetivos a los que aspira la sociedad de la era digital. El PBI ya no podrá ser el principal indicador de crecimiento económico, por lo que debemos buscar nuevos indicadores que contemplen la cooperación, la redistribución eficiente y el cuidado de los recursos como medios universales para medir el bienestar.

Paradójicamente para solucionar los problemas del mundo es necesario hacer menos, no más. Pero, ¿Será posible concebir al  modelo colaborativo como un camino hacia la eliminación de las ineficiencias del mercado?  Aún no es posible determinar el alcance real que tendrá el modelo pero no hay duda que si el modelo trasciende, las ofertas deberán cambiar y adaptarse, de lo contrario quedarán a mitad del camino con excesos de inventarios y demanda decreciente. Además, las compañías deberán competir con nuevos participantes, que en la era pasada eran sin ir más lejos sus propios clientes.

Es una realidad que con el tiempo, las regulaciones que pueden influir en el consumo colaborativo avanzaran de manera no homogénea en los diversos países, creando probablemente mayor dificultad para la internacionalización. Éste sin duda, será uno de los desafíos que afrontará el modelo.

Sin embargo, no debemos ver a la nueva economía como una  tendencia efímera de consumo, sino que por el contrario debemos considerarla como una oportunidad para poder hacer frente a la inminente escasez de recursos y poder así, diseñar a tiempo nuevas reglas del mercado al servicio del desarrollo sustentable. Quizás hasta se convierta en una forma de mejorar el bienestar social en economías donde el nivel de inequidad es en promedio alto, como puede ser el caso de las economías latinoamericanas.

Esta nueva forma de consumir ha demostrado que puede modificar el modelo tradicional de tal manera que puede hacer posible pensar en un Banco del Tiempo donde lo que se deposita es el tiempo y la unidad de cuenta es la hora. Esto demuestra que no hay límites para pensar en nuevas formas de colaborar.

En conclusión, nos preguntamos ¿No es hora que la economía se ponga al servicio de la sociedad, en lugar de la sociedad al servicio de la economía? Colocar a la economía al servicio del proceso de desarrollo significa orientar sus unidades individuales y los propios intereses privados hacia oportunidades de beneficios y hacia la creación de mayor valor colectivo apoyado en criterios sólidos de confianza y reputación. Es así, como suponemos que en el futuro, no muy lejano, deben funcionar las economías para contribuir al desarrollo  de sociedades donde el bienestar real de los individuos sea la base del modelo.

Referencias

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Un comentario

  1. graciela · ·

    Me parecio muy original el enfoque del artículo. Siempre me parecio que la medición del bienestar de una sociedad basandose exclusivamente en los datos del crecimiento del PBI era, cuanto menos, parcial y poco realista. Felicito a la revista por incluir articulos que animen a intentar cambiar la vision y el rumbo de la economía en esta nueva era tan cambiante que nos toca vivir. G.P.

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