Una introducción a la Teoría General de la Integración Regional

I. Introducción.

Veinte años atrás se establecía una moneda única para la Unión Europea y la palabra “integración” resonaba como el futuro (que había llegado hace rato). Hace poco menos de una década cuando se llevó a cabo la Cumbre de Mar del Plata muy pocas personas sabían lo que implicaba realmente el ALCA y el tratamiento periodístico de la cuestión giraba en torno a los despliegues de seguridad de Bush y Chávez en lugar de analizar lo que significaba el famoso ALCA-rajo del líder venezolano. Cuando hace dos años se le entregó el Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea muchos analistas reconocidos comentaban que le estaban dando el premio “a los bancos alemanes que hunden al mundo en crisis”; sin pensar un momento en que el gran éxito de la Europa unida no fue el Euro, sino evitar nuevos enfrentamientos bélicos entre los Estados que la componen.

La “integración” está en boca de todos pero aún son muy pocos lo que comprenden este fenómeno tan novedoso y a la vez tan antiguo. Estas breves líneas —apenas introductorias— le servirán para comprender un poco más qué es la integración regional.

II. ¿Qué es la integración regional?

Para comenzar, la primera advertencia que debo hacer es que, a diferencia de otras materias en el Derecho, la integración es de carácter puramente empírico. En otras áreas de estudio jurídico se enarbolan teorías a partir de su contenido normativo, pero las Teorías de la Integración Regional surgen de la práctica histórica de los procesos de integración. Es por ello que consideramos adecuada la definición de Granillo Ocampo que define a la integración regional como un proceso que “consiste en transformar unidades previamente separadas en partes componentes de un sistema coherente que tiene como característica esencial la interdependencia, de manera que lo que ocurra en cualquiera de sus componentes o unidades produzca un cambio predecible en la otra u otras” (GRANILLO OCAMPO, 2007: 49).

Esta definición contiene varios elementos que estudiaremos uno por uno. En primer lugar la integración consiste en unir entidades que se encontraban separadas de forma previa. De la misma forma que si un profesor intenta “integrar un curso” va a unir a los alumnos en distintos grupos; la integración regional une a los Estados en grupos. Siguiendo con el ejemplo de “integrar el curso”, los alumnos se unirán en grupos para cumplir con un objetivo, como puede ser el presentar un trabajo final de la cursada, y para cumplir ese objetivo deberán tomar decisiones. La pregunta crucial es ¿cómo tomarán esas decisiones? Lo primero que tienen en cuenta estos alumnos es son soberanos sobre su propia persona así que no delegarán absolutamente toda esa soberanía a otro miembro del grupo para que la administre; por lo que utilizarán un sistema democrático en el que cada uno de los miembros pueda votar las diferentes opciones. Hasta aquí podemos trazar un paralelismo con el Derecho Internacional: Tenemos unidades previamente separadas que pasan a conformar partes de un grupo, como cada una de estas unidades es soberana sobre si misma ninguna puede imponer su voluntad sobre las otras de modo tal que tienen que elegir una forma democrática para tomar sus decisiones. En este punto el Derecho Internacional Público se separa del Derecho de la Integración, volveremos más adelante con esto, pero sigamos antes con nuestra definición.

Hasta ahora vimos que la integración consiste en hacer que unidades previamente separadas se conviertan en partes de un grupo, a lo que Granillo Ocampo denomina un “sistema coherente”. Aquí es donde el Derecho hace su aparición, el sistema coherente es, como afirma Pizzolo, “el conjunto de normas y actos jurídicos que regulan las conductas de los Estados entre sí y de éstos con organismos internacionales donde se procura potenciar la cooperación entre las partes para facilitar la obtención de los fines propuestos —generalmente económicos—, mejorar sus relaciones recíprocas y fortalecer su posición conjunta frente a los Estados ajenos al grupo formado” (PIZZOLO, 2002: 86). En el ejemplo de “integrar el curso” el sistema coherente lo constituirán las normas no escritas a las que los integrantes del grupo se circunscribirán; pero en un proceso de integración esto será más complejo (aunque no necesariamente muy distinto en la esencia): los Estados previamente separados se unen y crean un sistema de normas que los regula; pero junto con estas normas crean instituciones que las interpretarán y aplicarán, por eso no hablamos de un sistema normativo a secas, sino de un sistema coherente de normas e instituciones.

El próximo elemento de la definición es lo que separa al Derecho Internacional Público del Derecho de la Integración, y es la característica que tiene este sistema coherente de normas e instituciones del que hablábamos. Si volvemos al ejemplo de “integrar el curso”, vimos que el grupo de alumnos debe cumplir con un objetivo pero para ello no van a delegar toda su soberanía en uno de los miembros del grupo para que este haga el trabajo, es decir que no eligen conformar un sistema dependiente. En lugar de eso deciden aplicar un sistema democrático de tomas de decisiones, pero también saben que este sistema no puede ser de tipo independiente, en el que no cedan absolutamente nada de su soberanía y todo deba resolverse por unanimidad (como ocurre con el Derecho Internacional Público), ya que saben que de esta forma difícilmente puedan arribar a acuerdos de forma rápida para cumplir con sus objetivos a término. Es por ello que nuestro grupo de alumnos elegirá un sistema interdependiente que es un tipo de sistema intermedio entre no ceder nada de soberanía y cederla toda; de esta forma cederán parcelas de soberanía y tomarán decisiones por mayoría y aquellos miembros cuya decisión resulte rechazada por el grupo deberán aceptar que se les imponga una opción que no votaron puesto que han cedido su soberanía al respecto. La interdependencia es lo que caracteriza al Derecho de la Integración, no cualquier sistema coherente de normas e instituciones corresponde a un proceso de integración, sino sólo aquel que está caracterizado por la interdependencia.

Finalmente, esta interdependencia generará efectos entre los miembros del grupo ya que cualquier cambio en la situación de cada miembro llevará consigo un cambio favorable o desfavorable para el grupo. Si, por ejemplo, en nuestro grupo de alumnos uno sabe mucho sobre el tema del trabajo que tienen que hacer esto beneficiará a todos por igual; pero, si por el contrario uno se enferma gravemente y no puede colaborar esto va a perjudicarlos a todos. Esto mismo ocurre en los procesos de integración, no es casualidad que el crecimiento económico que tuvo la Argentina entre los años 2004 y 2008 haya sido compartido por toda la región; de la misma forma que tampoco es casualidad que la crisis del Euro que comenzó en Grecia en el 2008 haya perjudicado luego a España, Portugal, Italia y continué avanzando por Europa, generando preocupación hasta en una superpotencia como lo es Inglaterra.

Para finalizar este acápite sólo me queda responder a una pregunta: ¿sobre qué parcelas pude cederse la soberanía? Existen algunos teóricos que opinan que hay ciertas materias sobre las cuales los Estados nunca van a querer ceder su soberanía, como puede ser, por ejemplo, Derecho Penal o Derecho de Familia y Sucesiones. Pero lo cierto es que la integración puede darse en cualquier plano de la vida pública de una sociedad, podemos tener tres tipos de integración: política, social y económica; y, atravesándolos, tenemos a la integración jurídica. No existe parcela de soberanía que no pueda ser cedida, en todo caso habrá una falta de voluntad política de los Estados para cederla; pero debemos recordar que la integración puede darse libremente en los planos tanto político, como social y/o económico.

III. Distintas teorías que explican el fenómeno de la integración.

Desde la antigüedad los distintos pueblos de Europa intentaron unificar el continente bajo un mismo gobierno. El método primigenio para lograr este objetivo fue el militar, pero los romanos lograron desarrollar un método pacífico de integración comercial aunque caracterizado por la dependencia y no la interdependencia que es un concepto moderno.

En efecto, en Roma se distinguían dos grandes grupos de extranjeros, los bárbaros que eran los enemigos de Roma y los peregrinos que, a su vez, se diferenciaban en dos grupos: los peregrini dediticii que eran los bárbaros conquistados por Roma y anexados al imperio; y los peregrini alicuius civitatis, estos últimos accedían de forma pacífica integrarse a Roma a través de tratados de alianza y amistad (ARGÜELLO, 2004: 159). Este último grupo de peregrinos pertenecía a las ciudades que aceptaban de forma pacífica las condiciones de comercio que les imponía el Roma a cambio de que pudieran preservar su soberanía, de esta forma el imperio los integraba por el comercio en lugar de la guerra.

Más adelante en el tiempo se desarrollaron otros proyectos para integrar Europa de forma pacífica, entre ellos puede mencionarse el Gran Diseño de Maximiliano de Béthune a fines del Siglo XVI; pero, sin lugar a dudas, el más importante de los proyectos pre-modernos de integración regional fue La paz perpetua de de Immanuel Kant a fines del Siglo XVIII. Kant desarrolla la idea de que los Estados se encuentran, entre ellos, en estado de guerra y que sólo podrían alcanzar la paz a partir de la firma de una constitución internacional similar a las constituciones internas. Así nos dice que “[l]os pueblos, siendo Estados, pueden considerarse como individuos en estado de naturaleza —es decir, independientes de toda ley externa—, cuya convivencia en ese estado natural es ya un perjuicio para todos y cada uno. Todo Estado puede y debe afirmar su propia seguridad requiriendo a los demás para que entren a formar con él una especie de constitución semejante a la constitución política, que garantice el derecho de cada uno” (KANT, 1919: 31).

Ya entrados en el Siglo XIX, los distintos enfrentamientos entre la Francia revolucionaria y los demás Estados contra-revolucionarios (especialmente los llamados Estados Alemanes) harán surgir nuevos proyectos de integración regional que se explicarán a partir de distintas teorías filosófico-políticas.

III.1. El Federalismo:

El primer gran proyecto de integración europea fue conocido como los Estados Unidos de Europa en el Siglo XIX, desarrollado por Víctor Hugo, pero impulsado fuertemente por Mijail Bakunin en el Primer Congreso de la Liga por la Paz y la Libertad, celebrado en Ginebra en 1867, como una propuesta para convertir a Europa en una confederación pero resaltando que esto sólo sería posible si se la constituye de “abajo hacia arriba” y no si se la impone desde “arriba hacia abajo”. Aunque el objetivo de Bakunin era defender el anarco-federalismo —no reflexionar en torno al llamado déficit democrático que padecen los procesos de integración—, este pensador se adelantó a su época en cuanto sostenía que si la integración en Europa no surgía de los pueblos y se constituía de “arriba hacia abajo” no significaría otra cosa más que la mera firma de tratados por interés político o por impotencia (BAKUNIN, 1978: II-24).

El proyecto de los Estados Unidos de Europa fue retomado luego en el Siglo XX por Edouard Erriot al finalizar la Primera Guerra Mundial y por Winston Churchill al finalizar la Segunda. Sin embargo, estos líderes políticos no lo proponían siguiendo el anarco-federalismo de Bakunin, sino un federalismo liberal como el de los Estados Unidos de América.

Vale la pena mencionar que aunque los Estados Unidos de Europa constituyó el proyecto más importante para la constitución de una Europa Federal, existieron otros proyectos como la Pan-Europa de Richard Coudenhove Kalergi que buscaron crear un gobierno continental que funcionara como una federación de Estados.

III.2. El Neofuncionalismo:

El Neofuncionalismo es esencialmente la creación de un francés llamado Jean Monnet a quien se lo considera el padre fundador de Europa junto con Robert Schumann, que en 1950 pronunció un famoso discurso (conocido como la “declaración Schumann”) en el que expresó las ideas de Monnet y dio origen a las negociaciones para la firma del Tratado de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1951, aquel que inició el proceso de integración que hoy es la Unión Europea.

Monnet era lo que se llama un “hombre de negocios” y su neofuncionalismo proviene de la teoría económica funcionalista, también conocida como la teoría de los “pequeños pasos”. Básicamente, esta teoría explica que toda gran producción puede darse a partir de pequeñas instancias estratégicas que se van sucediendo en el tiempo. En el caso de la integración europea, los federalistas tenían grandes proyectos pero los líderes políticos de los distintos Estados no estaban dispuestos a dar un paso tan grande; por eso Monnet propone comenzar con la cesión de pequeñas parcelas de soberanía que serán la regulación en materia de comercio de Carbón y Acero en 1951 y, posteriormente, la regulación en materia de energía atómica en 1957, seguido de la constitución de una unión aduanera con la firma del Tratado de la Comunidad Económica Europea ese mismo año.

Mientras que los federalistas aspiraban a un proyecto muy ambicioso como era la constitución de una federación de Estados, el neofuncionalismo —mucho más realista— apuntaba a lograr el máximo grado de integración posible comenzando con la cesión de pequeñas parcelas de soberanía a instituciones de carácter supranacional.

Sin embargo, Monnet no advirtió una importante contraindicación que tiene esta teoría. Entre otras cuestiones, el federalismo padecía varios obstáculos para su aplicación pero esencialmente la causa era que resultaba imposible comenzar un proceso de integración de “abajo hacia arriba” entre franceses y alemanas a tan sólo cinco años de terminada la Segunda Guerra Mundial. Para superar este obstáculo el neofuncionalismo propone una integración digitada por los Ministros de Relaciones Exteriores y ejecutada por los primeros mandatarios de cada Estado sin la menor cuota de participación ciudadana. Todo ello hace estos procesos de integración padezcan un fuerte déficit democrático y se conviertan, puertas adentro del Estado, en una imposición por parte de los distintos gobiernos.

III.3. El Intergubernamentalismo:

La teoría intergubernamentalista puede parecer contradictoria con la teoría de la integración regional porque, en principio, propone la independencia de los Estados como característica del sistema normativo y político y por lo tanto no busca la supranacionalidad (entendida como el sistema de toma de decisiones por mayorías), sino que lo que pretende es que las decisiones que atañen al bloque integrado se tomen por unanimidad de todos los Estados-miembros.

Sin embargo, existe una diferencia entre la teoría intergubernamentalista de la integración y el intergubernamentalismo que caracteriza a las instituciones de Derecho Internacional Público; aunque esta diferencia se presente sólo en el plano discursivo. En la integración se entiende que por situaciones políticas particulares a veces es necesario aplicar esta teoría para que el proceso de integración no fracase y se desarticule, en las instituciones de Derecho Internacional Público —en cambio— el intergubernamentalismo es la regla que imperará por siempre.

Si bien esta teoría surgió en la década de 1960 para responder a lo que se conoció en Europa como la “crisis de la silla vacía”, ocurrida con la llegada al poder del General De Gaulle en Francia, lo cierto es que el desarrollo histórico de la integración europea demostró que es muy útil para lograr la integración en materias en las que en principio parecería imposible. Así es que cuando se firma el Tratado de la Unión Europea en la cuidad de Maastricht en 1992 se mezclan las teorías neofuncionalista e intergubernamentalista y el tratado se termina componiendo de tres pilares, uno de los cuales es de carácter comunitario y obedece a la lógica del neofuncionalismo y otros dos son de carácter intergubernamental. Pero lo más interesante en que en los dos tratados posteriores que modificaron y ampliaron el firmado en 1992 (estos son los tratados de Ámsterdam de 1999 y Niza de 2003) muchas de las cuestiones que en el tratado de Maastricht pertenecían a los pilares intergubernamentales, pasaron a formar parte del pilar comunitario, lo que demuestra la utilidad práctica de esta teoría para lograr un mayor ámbito de integración comunitaria.

III.4. El Neofederalismo:

La década de 1990 y el primer lustro del Siglo XXI constituyeron la edad de oro de la integración europea y esto llevó a muchos pensadores, analistas y políticos a pensar nuevamente en una Europa Federal pero ya no bajo la lógica del viejo federalismo del Siglo XIX sino como una estructura de gobernanza multinivel. Así es que en 1994 comenzó a funcionar el Comité de las Regiones como una asamblea consultiva que representa a las distintas regiones geográficas; el objetivo de esta asamblea es el de estimular la integración de “abajo hacia arriba” y darle a las péquelas localidades de Europa un lugar de preponderancia en la Unión.

El alto grado de integración existente en la región, sumado a la mayor participación ciudadana que comenzaba a subsanar el déficit democrático a través de la elección de Eurodiputados y la estimulación de la integración de “abajo hacia arriba” a partir del Comité de las Regiones llevaron a importantes pensadores y analistas a considerar a la Unión Europea como una estructura de gobernanza multinivel con características de un Estado Federal aunque con algunas diferencias también como que, por ejemplo, la facultad de modificar sus normas constitutivas no pertenezcan al Estado Federal sino a cada uno de los Estados que lo componen (HABERMAS, 2012: 56); por eso mismo se dice que la Unión Europea es una “comunidad federal inhabitual” (HABERMAS, 2012: 60).

El impulso neofederalista llevó a los principales líderes políticos de la región a proponer en el 2004 la firma de una Constitución Europea, pero la crisis financiera internacional y el auge del neonacionalismo hicieron que el proyecto fracasara; en su lugar se firmó el Tratado de Lisboa de 2009 que introduce al Tratado de la Unión Europea algunas de las cuestiones que se encontraban en el proyecto de Constitución.

III.4. El Neonacionalismo:

Hasta ahora hablamos mucho de la integración en Europa pero no situamos a América Latina en el mapa, lo cierto es que desde el punto de vista teórico, la integración latinoamericana no ha sufrido tantas metamorfosis: desde un principio se planteó la integración siguiendo la lógica del intergubernamentalsimo y allí se quedó todo aunque en el MERCOSUR pujan dos pequeños proyectos neofederalistas como son los de integración transfonteriza y la red de Mercociudades; sin embargo éstos son de muy poca envergadura.

Ahora bien, la crisis financiera que alcanzó su auge en 2008 con la crisis del Euro logró que por primera vez una misma teoría se aplique a la integración europea y a la latinoamericana al mismo tiempo. Esta teoría es la neonacionalista que tiene diferentes aristas tanto entre Europa y América Latina, como hacia adentro del mismo continente Europeo.

Dentro de Europa tenemos dos tipos de neonacionalismos: el que se asimila al viejo nacionalismo de finales del Siglo XIX y comienzos del XX y propone la salida del Estado de la Unión; y los nuevos nacionalismo que se generan en pequeñas regiones dentro de un Estado buscando separarse de él pero afirmando que se sienten profundamente europeos y quieren formar parte de la Unión.

Dentro del primer grupo se encuentran los movimientos de derecha de países como Grecia e Italia que proponen un fuerte nacionalismo al estilo fascista; el nacionalismo inglés que busca por todos los medios desunirse de Europa y el nacionalismo alemán fuertemente racista que culpa de la crisis a los derrochadores mediterráneos y los inmigrantes latinos y se opone a la idea de que su país tenga que pagar la crisis que ellos generaron.

En el segundo grupo se encuentran los movimientos independentistas de regiones como Cataluña o Escocia que, impulsados por la crisis financiera, argumentan que los Estados a los que están obligados a pertenecer los perjudican estratégicamente para que sean ellos los que paguen las consecuencias de las malas decisiones económicas. Esto los lleva a exigir su independencia pero se muestran muy preocupados porque esa independencia no implique su separación de Europa ya que se definen como europeos y dicen apostar y querer formar parte de la Unión.

En América Latina también se desarrolla un neonacionalismo aunque está más encubierto que el europeo; los discursos oficiales de los distintos Estados afirman querer lograr la “patria grande de Simón Bolívar” a la vez que invocan conceptos del viejo populismo como la protección de la soberanía nacional y toman medidas cada vez más proteccionistas de sus propias economías que violan sus acuerdos comerciales regionales. Una prueba de esto la dan los múltiples proyectos de integración que se presentaron desde el famoso ALCA-rajo de Hugo Chávez. Todos ellos se caracterizan por aparentar ser muy importantes pero rápidamente se estancan puesto que cada Estado-miembro está más preocupado por su independencia aunque en el plano discursivo afirmen que lo más importante es la “patria grande”. Así es que en la década que comenzó con el ALCA-rajo en la Cumbre de Mar del Plata del 2005 se desarrollaron en promedio un proyecto de integración cada dos años, a saber: UNASUR (2004/2008); ALBA (2004/2009); Proyecto Mesoamérica (2008); CELAC (2010); y Alianza del Pacífico (2011).

Un analista experto en integración latinoamericana como es Félix Peña opina que en nuestra región está ocurriendo lo mismo que en Europa: “estamos navegando en un mundo en el que están colapsando paradigmas, modelos y conceptos con los cuales se ha estado trabajando en los últimos años, a veces de forma demasiado rígida, en relación al fenómeno denominado de integración y cooperación entre naciones” (PEÑA, 2014: 96). El panorama de desencanto actual en el plano real con el encantamiento discursivo por la integración regional nos obliga a repensar sus características más esenciales.

IV. Modalidades de los procesos de integración regional.

Cuando hablamos de las modalidades de la integración regional debemos tener en cuenta que nos estamos refiriendo a una clasificación que —como toda clasificación— es sólo para fines pedagógicos y no es la única posible, por lo cual las distintas modalidades variarán conforme a los diferentes doctrinarios que sigamos. En esta oportunidad voy a seguir la clasificación que realiza Raúl Granillo Ocampo (2007: 55/63) a la que le agregaré una modalidad extra entre “mercado común” y “unión económica y monetaria” para hacerla más completa. Debemos tener en cuenta que cada modalidad sucesiva implica un avance en la integración respecto de la anterior.

IV.1. Zona arancelaria preferencial:

Es la zona comercial constituida por dos o más Estados que acuerdan tener entre ellos un arancel preferente respecto del que tienen con terceros Estados.

IV.2. Zona de libre comercio:

Es una zona comercial constituida entre dos o más Estados como la etapa anterior, pero en ésta se eliminan todo tipo de barreras arancelarias.

IV.3. Unión aduanera:

Aquí no sólo tenemos una zona de libre comercio; sino que, además, los Estados que la componen acuerdan cobrar un arancel externo común a los terceros Estados. La unión aduanera se divide en imperfecta cuando cada Estado cobra el arancel externo común por su cuenta; y en perfecta cuando crean un órgano supranacional encargado de cobrar este arancel y luego repartirlo entre los Estados-miembros.

IV.4. Mercado común:

Es una unión aduanera pero en la que no sólo se permite el libre tránsito interno de bienes, sino también de personas, servicios y capitales.

IV.5. Mercado interior:

Muchos autores no reconocen esta modalidad, pero si estudiamos la evolución de la integración europea veremos que en 1986 se firma un tratado llamado el Acta Única Europea cuyo objetivo era lograr la transición del mercado común a una unión económica y monetaria. Para lograr este objetivo, el Acta Única Europea establece la creación de un mercado interior que consiste en eliminar todo tipo de fronteras comerciales internas entre los Estados-miembros y comenzar a tener una macroeconomía común.

IV.6. Unión económica y monetaria:

Los Estados coordinan su política económica y financiera para que el bloque regional tenga una macroeconomía común y una paridad cambiaria que puede convertirse también en el establecimiento de una moneda única.

IV.7. Integración total:

Es la más conflictiva de las modalidades ya que es puramente teórica y cada corriente filosófica que busca explicar la integración le dará un significado diferente. Así es que para un federalista se tratará de la disolución absoluta de las fronteras nacionales que pasaran a formar parte de una estructura burocrática superior. Para un neofuncionalista la integración total es el máximo grado de integración posible. Un intergubernamentalista considera imposible hablar de integración total ya que existen materias sobre las cuales no puede cederse soberanía. Finalmente, un neofederalista la concibe como el establecimiento de un complejo sistema de gobernanza multinivel regido por una norma fundamental común a todos los niveles de gobierno.

V. Reflexión final.

Hasta aquí hemos visto los elementos esenciales que debemos conocer para saber de qué hablamos cuando nos referimos a la integración regional que no es otra cosa más que un proceso que consiste en transformar unidades previamente separadas en partes componentes de un sistema coherente que tiene como característica esencial la interdependencia, de manera que lo que ocurra en cualquiera de sus componentes o unidades produzca un cambio predecible en la otra u otras. Que puede ser interpretado como una Federación de Estados; una asociación política y económica para pequeños temas estratégicos; un espacio de cooperación regional que preste más atención a los problemas de la región de lo que lo hacen otros organismos internacionales; o, hasta un complejo sistema de gobernanza multinivel.

Además, cuando hablamos de integración debemos saber que no todos los procesos son iguales, sino que existen diversas modalidades y que habrá procesos que estén más evolucionados que otros.

Finalmente, debemos tener en cuenta que los tiempos que corren han puesto en crisis a los viejos paradigmas de la integración regional; que la hacen estar en permanente estado de metamorfosis y nos obligan a nosotros a tener la mente lo suficientemente abierta para repensarla con cada nuevo cambio. Estos no son tiempos para los fanatismos teóricos o políticos; sino para la reflexión crítica, a veces hasta de las propias ideas y creencias.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • ARGÜELLO, Luis (2004), Manual de Derecho Romano, Buenos Aires: Astrea.
  • BAKUNIN, Mijail (1978) Escritos de filosofía política (G. P. Maximoff, comp.), Madrid: Alianza.
  • GRANILLO OCAMPO, Raúl (2007), Derecho público de la integración, Buenos Aires: Ábaco.
  • HABERMAS, Jürgen (2012), La constitución de Europa, Madrid: Trotta.
  • KANT, Immanuel (1919), La paz perpetua, Madrid: Calpe.
  • PEÑA, Félix (2014), “MERCOSUR y Alianza del Pacífico: Tareas pendientes”, FOXLEY, Alejandro y MELLER, Patricio (eds.), Alianza del Pacífico: En el proceso de integración latinoamericana, Santiago: Cieplan.
  • PIZZOLO, Calogero (2002), Globalización e integración, Buenos Aires: Ediar.
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