Libertad global, democracia y nuevas formas de dominación

En los últimos tiempos, la sociedad ha experimentado sustanciales transformaciones como consecuencia de los fenómenos de la mundialización, interdependencia y globalización, redefiniendo el escenario de relaciones entre los individuos, el Estado y los organismos regionales e internacionales, incrementando la vulnerabilidad de las personas a la dominación.

La modificación de la lógica westfaliana de actuación de los Estados-Nación ha alterado la tradicional dinámica que pretende asegurar la libertad de las personas, donde su protección trasciende los límites nacionales, debiendo considerarse proteger a la misma desde el ámbito político en términos compartidos, globales y comunes.

Es así que el abandono de las características y propiedades del Estado Westfaliano generó la aparición de nuevas y complejas problemáticas, a la vez que se presencia la inadecuada respuesta de las instituciones políticas dada la obsolescencia de sus estructuras para abordar las características de las problemáticas surgidas de un nuevo orden global.

La globalización, y la dinámica generada a partir de la interdependencia, proporciona y acentúa el carácter global y común de muchos de los problemas actuales. Introduce el concepto de problemas globales o de “riesgos o amenazas globales”. Ello no nos resulta ajeno, pudiendo identificar a los mismos con situaciones tales como las crisis financieras sistémicas, las amenazas al medio ambiente, las catástrofes técnico-científicas, el terrorismo, las violaciones masivas a los derechos humanos, entre otros, que han dado lugar a la aparición de una “sociedad del riesgo global” en palabras de Ulrich Beck .

Estas amenazas globales pueden complementarse y acentuarse mutuamente hasta extremos insospechables, cargadas y mezcladas con los conflictos étnicos, religiosos, nacionales, sociales y de recursos. Es por ello que la reflexión acerca de un modelo de democracia global guardián de la no dominación resulta uno de los temas sustanciales de la actualidad.

La mayor paradoja y contradicción, en relación a este punto, es que en un mundo en el que todo se ha globalizado, donde las sociedades están inmersas en un proceso de enredo mutuo, con crecientes interrelaciones entre unos y otros siendo cada vez más interdependientes, donde los Estados están perdiendo el control sobre sus propios asuntos, la democracia sigue siendo en general un principio organizativo de ámbito exclusivamente local, es decir, reducido al mundo interno de los Estados incluso frente a las incomodidades que la realidad de las estructuras democráticas generan.

Podemos pensar que la carga que tiene la palabra democracia es casi tranquilizadora: cuando a una persona se le asegura que vive en un contexto democrático resulta casi equivalente a un gobierno legítimo y un aseguramiento de derechos y libertades. Sin embargo, ¿esto es así? ¿El Estado es hoy capaz de garantizar ello? ¿Estamos exentos de los riesgos externos, de aquellos nuevos, de los que se forman a partir de los cambios?

Las políticas tradicionales de coordinación entre los Estados son en la mayoría de los casos, muy difíciles de lograr. Y la respuesta tradicional de que todos los Estados gozan de la soberanía necesaria para organizar sus propias políticas para combatir todos estos peligros ya no es satisfactoria, dada la existencia de tales reclamaciones legítimas y la ineficacia de las estrategias soberanas autónomas .

Esto lleva a que los individuos, como habitantes de una sociedad globalizada, puedan tener un legítimo reclamo en cuanto a cómo algunos Estados formulan sus disposiciones internas en materia de políticas legislativas. Los ciudadanos europeos de diferentes países tienen un reclamo legítimo sobre cómo Rusia administra su arsenal nuclear y cómo protege sus reactores nucleares. Todos nosotros tenemos un reclamo sobre cómo algunos países están reaccionando hacia el terrorismo internacional, a pesar de que ya no se trate de la guerra entre los Estados en el sentido tradicional.

Es en estos casos donde se denota que el problema de la dominación ya no puede ser resuelto de acuerdo a la fórmula de “ser libre es ser ciudadano de un Estado libre” sino que necesitamos una autoridad global con capacidad y legitimidad para producir normas y reglas jurídicas comunes frente a los problemas comunes.

La evolución y los cambios en la sociedad global, han producido que la dominación ya no sea materia específica del Estado, sus instituciones carecen de las herramientas para prevenirla y garantizar la libertad, no estando los Estados capacitados para prevenir la dominación de las decisiones tomadas por fuentes externas a ellos.

Es por ello que sostenemos que frente a un nuevo orden global es necesaria la creación de instituciones que sean capaces de, en un esquema de democracia global, garantizar la libertad. Es allí donde se encuentra el desafío de pensar y diseñar un marco institucional que contenga las herramientas que conformen un ideal regulativo para evitar la dominación de un agente externo, ya sea un Estado, empresas transnacionales o incluso mecanismos de cooperación internacional, resultando vital generar un marco normativo común para la regulación de las situaciones antes reseñadas, mediante la instauración de una autoridad global legítima.

Ello nos plantea ciertos interrogantes, ¿Cómo la democracia puede ampliarse de pequeños espacios de deliberación a un ámbito mundial? ¿Cómo evitar las concentraciones de poder? ¿Cómo enfrentar la negativa de los Estados a ceder parte de su soberanía? ¿Cómo construir una autoridad global legítima?. Sin embargo, estas incertidumbres pueden ser superadas partiendo de que el contexto al que nos enfrentamos requiere de un curso de acción uniforme y común. Ello pone de relieve la necesidad de constituir y consolidar una autoridad global con competencia y autoridad para hacer frente a los problemas que nos vienen acuciando como humanidad bajo la idea de una democracia global.

Esta autoridad global tendrá la obligación política básica de agrupar al conjunto bajo instituciones democráticas, que protejan la libertad como forma de no dominación en el mundo, ámbito donde el Estado ya ha demostrado haber fracasado.

Debemos aclarar que el diseño y el curso de acción de una institución política global es vital para construir una autoridad legítima, la misma dada su naturaleza global debería centrar su actuación en regular las temáticas necesarias y globales, compatibilizándose con la preservación de la soberanía de los Estado-Nación, al tiempo de asegurar la representación política, la responsabilidad y el control popular en ella, dado que de forma contraria se podría caer en una tiranía mundial como efecto contrario al buscado.

En efecto, si la libertad como no dominación significa defender la ausencia de interferencias arbitrarias una autoridad global deberá tener particular relevancia funcionando como muro de contención de las nuevas formas de interferencia arbitraria, donde un Estado debe ser no dominador, pero también no dominado.

Bibliografía

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